Estos tiempos discurren en medio de las prisas y a veces del "sin sentido", parecen ir desbocados a ninguna parte, si bien no estamos solos. Aunque el ritmo de la vida no nos deja detenernos para reflexionar apenas, no somos producto del caos, ni nos sostiene el desconcierto.
Somos contemplados, hallándose escritas muchas de las directrices que nos toman. No pasamos inadvertidos, aunque lo hagamos sin advertencia. El Señor está cerca, vigila nuestros pasos y se comunica con nosotros. Nos deja su Palabra y desde ella nos marca la ruta a seguir, si miramos con atención, y tenemos atentos los oídos.
Procuraré dar sus razones, para todos aquellos que oigan.